Manifiesto


Arjé (del griego ἀρχή, traducible como fuente, principio u origen, y a veces romanizado también como Arché, Arqué o Arkhé) es aquello que no tiene ni principio ni fin, y que no precisa de otra realidad para sustentarse, más bien al contrario, todas las realidades se sustentan en el arjé. Arjé fue la primera explicación racional de la historia acerca del origen de la naturaleza, concretamente dada por Tales unos quinientos años antes de nuestra era, quien sostenía que era el agua el elemento que daba origen a todo lo demás. Muchos otros pensadores siguieron su estela, afirmando unos que no era el agua, sino el aire1, la fuente primordial de la materia. Otros sostenían que era el ápeiron2, o elemento indefinido e ilimitado; para los pitagóricos, serían los números los que conformaren esta realidad primordial.

De este modo, el arjé adoptó múltiples formas, y fue el centro de discusión en la filosofía presocrática. No obstante, a pesar de la multiplicidad de este término, hay algo común a todos aquellos que se detuvieron a meditar sobre él, y este es, la desinteresada y constante búsqueda de la verdad, sin reducir dicha búsqueda a la simple secuencia de fórmulas lógicas a las que el saber se vio sometido posteriormente, en múltiples ocasiones. Arjé no es simplemente un término técnico, se trata de nuestro origen, de la chispa que dio a luz a nuestra civilización, en un lugar en el que Oriente y Occidente se mezclaron, dando lugar a los primeros trazos de nuestra cultura. Y es en tiempos de crisis y decadencia que decidimos recuperar esta palabra, para poder, humildemente, divulgar el conocimiento bajo cualquiera de sus formas, tan ignorado hoy día, y al mismo tiempo nunca tan necesario.

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1 Anaxímenes (c. 590 a.C. – 524 a.C.)


2 Anaximandro (c. 610 a.C – c. 547 a.C)